Hoy he cenado con el Actor. Tenía que cenar con Jota,  pero me ha llamado y ha pospuesto la cita a mañana, que raro (ironía).

El Actor está en Barcelona para rodar un anuncio. No me había llamado antes para decirme que venía porque en principio rodaba hoy y se iba esta misma noche, pero la cosa se ha alargado, se queda a dormir en un hotel y tenía ganas de verme. No sé si es verdad lo del retaso, lo cierto es que siempre que viene a la ciudad me avisa en el último momento, como si sólo pensase en mí cuando ya está aquí. Me da igual, como diría mi abuela, es un “primor” y nunca puedo decir que no a una cena y una copa en su compañía. Además cenar con él ahora es mucho más relajado que en la época que hacía una serie en “primetime”. La gente se acercaba sin pudor a saludarle, pedirle autógrafos, fotos… El Actor nunca se molesta, lo hace encantado, dice que no entiende a los famosos que reniegan de eso… Que el cariño del  público es mejor que un Goya.  Cuando hace unos años estuvo nominado, pero no lo ganó, no sé si pensaba lo mismo, si no era así nunca lo confesó….

Conocí al actor en Madrid. Yo estaba preparando un proyecto (que con el tiempo resultó ser un fracaso) y desayunaba todos los días en una pequeña cafetería años setenta de Alonso Martínez. Me gustaba ir allí porque me recordaba a la pequeña Granja* en la que desayunaba con mis padres de pequeño, cada domingo,  un gran vaso de leche y una ensaimada con nata fresca (Ummm). El actor vivía allí cerca  y salía a pasear el perro a la misma hora que yo desayunaba, pasaba  junto a la cafetería, se detenía frente a uno de los ventanales y  parecía mirarme entrecerrando los ojos, después continuaba su camino. Aún no era tan famoso como ahora, pero yo lo conocía porque había visto una película que tuvo un éxito relativo a principio de los ochenta en la que él, casi adolescente, salía desnudo.

Cada día hacía lo mismo, asomarse a la cafetería y observarme apenas unos segundos,  mientras yo tomaba mi café con leche y tostadas… Yo intentaba disimular, fingir que no me daba cuenta, pero me costaba horrores porque me estaba entrado el gusanillo por conocerle…

Un día, cuando ya sabía que al proyecto que estaba llevando a cabo en Madrid le quedaban tres telediarios, y tendría que volver a Barcelona, decidí esperarle fuera de la cafería  para descolocarle y a ver si de ese modo se atrevía decirme algo. .. Pero el que se descolocó fui yo porque el Actor se acercó al ventanal como cada día, sin ni siquiera fijarse en mí que estaba junto a la pizarra en la cual figuraban los tipos de desayunos, observó el interior del local los mismos segundos que cada día, se dio la vuelta y se alejó… Quedé petrificado. ¿Qué era lo que miraba todas las mañanas si no era a mí? Muchos días en el local no había nadie más, o al menos que pudiese ser de su interés y los camareros eran dos señores mayores calvos y gordos, dudaba que le gustasen…

Aquel día me fui con la intriga, pero al día siguiente, después de que hubiese repetido su mirada diaria al interior y no a mí, salí tras él y lo abordé:

-Oye, perdona… ¿te puedo hacer una pregunta?

Asintió con una sonrisa, esperaba que le preguntase si era quien era… La típica pregunta de “¿Tú eres tú? A la que él ya tiene preparada lo que le parece una réplica ingeniosa: “No, lo siento, soy yo”. Es una gracia que con los años le he visto repetir tantas veces. Sin embargo mi pregunta era otra bien distinta:

-¿Qué miras cada día dentro de esa cafetería? Al principio pensaba que a mí y me hice ilusiones, pero ayer descubrí que no.

El Actor soltó una carcajada tan escandalosa que su perro sorprendido se pudo a ladrar. Y a continuación me resolvió su misterio. Resultaba que lo que miraba todos los días al pasar era la pizarra de los menús que se encontraba dentro hasta la hora de los desayunos, en que la colgaban fuera.  Le encantaban las albóndigas con sepia y los días que las hacían bajaba a comer.

Me sentí como un idiota y para intentar disculparme por mi curiosa estupidez lo fui mucho más, diciéndole que yo las hacía buenísimas y que si quería se las preparaba un día.

….

Dos semanas después hice albóndigas con sepia por primera y última vez en mi vida. Quedaron incomestibles, pero sirvieron para comenzar una breve rollete amorío-sexual con el actor que apenas duró las dos o tres semanas que me quedaban en Madrid…

Como en la cama nunca acabamos de congeniar, él era excesivamente fetichista de los pies y a mí que me los coman me hace unas cosquillas insoportables, decidimos que el feeling que teníamos en todo lo demás no queríamos perderlo por estar cada uno en una ciudad y quedamos como amigos. Pero no amigos de llamarse cada día, ni de esos de sólo llamarse para las navidades y los cumpleaños. Quedamos como amigos de esos que aunque nunca te llames, cuando te ves, parece que no ha pasado el tiempo.

Esta noche nos hemos puesto al día. Le he contado todo, como siempre sabe escuchar muy bien o fingirlo. Y él me ha contado cosas que me ha dicho que no cuente aquí cuando le he dicho que contaría nuestra historia.

Ha sido una “velada encantadora” como dirían en las películas antiguas. Hemos bebido, hemos reído, hemos cantado y también hemos llorado… Dice que le hacía mucha falta una noche así… Después le he acompañado al hotel, era pronto y me ha preguntado si quería subir. No sé si hablaba él o el rioja, pero le he dado un morreo en toda regla y le he susurrado: “No me he cortado las uñas de los pies y estoy cansado”… Él se ha echado a reír y me ha dicho que me llamará mañana para vernos antes de coger el Ave… Sé que no lo hará, pero también sé que cualquier día dentro de seis, siete o mil meses sonará mi móvil y volveremos a beber, reír, cantar y llorar.

Mientras escribía esto, me ha sonado el móvil. Era él.  Estaba preocupado por si aún resulta un hombre atractivo…Me he reído y le he preguntado: “¿No has notado mi móvil cuando te he metido la lengua hasta la garganta? ¡Pues lo había dejado cargando en casa!”. Entonces, agravando la voz, me ha dicho: “Pues pensé que era una tablet” y ha soltado una carcajada de las que asustan a los perros.

Barcelona,  Mayo del 2019.

(Imagen de Pixabay. Autor Wokandapix)