El viernes era ese día de la semana en que ayudaba a mi madre a hacer la compra semanal y a subirla a aquel ático sin ascensor en el que me crie.
El viernes también era el día que los dos íbamos al videoclub del barrio para aprovechar la oferta de fin de semana y cargar con películas para tres días.
Así que fue un viernes, y si no me lo invento, el día que «engañé» a mi madre para que alquilásemos «¿Qué he hecho yo para merecer esto!» (1984) de Pedro Almodóvar. Y seguro que fue la noche de ese viernes, porque así quiero recordarlo, que mi padre, mi madre y yo nos sentamos ante la cinta de VHS. Mi padre se retiró pronto, farfullando del mismo modo que lo hacía ante una película de Jerry Lewis, Bop Hope o Carlos Saura. Para él (o así lo recuerdo tópicamente) todo lo que no fuese el Western, el cine bélico o el cine negro, eran un «tostón». Así que mi madre y yo nos quedamos hundidos en el sofá, alucinados y escandalizados con la historia de aquella película, sin comentar nada que hiciese la situación más incómoda, pero fascinados en aquella especie de comunión almodovariana.

Años después vino el visionado de «La ley del deseo”, esta vez en cine… Pero eso es otra historia que de momento me reservo.

Hoy es viernes, Almodóvar estrena “Dolor y Gloria” y mi madre ya no está a mi lado, pero como casi siempre que filtro como bueno algún suceso, me es imposible no acordarme de ella.

¡Vamos a ello!