Me llamo David Kumada.

Con el David me etiquetaron al nacer  y con el Kumada me re-etiqueté unos años después.

Podría haber sido lo que quisiese en la vida, si hubiese tenido unos padres progres que así me lo dijesen. Sin embargo me quedé en “cuentista” porque no paraba de escuchar la frase “Tú, ver, oír y callar” ante cualquier situación que tuviese lugar en el mundo de los adultos. Y yo que era un niño muy obediente, pero con un pequeño problema de déficit de atención, integré los dos primeros verbos y decidí sustituir el último por uno mucho más proactivo: “contar”

Me mordía la lengua todo lo posible, de verdad,  pero me resultaba muy difícil no dar mi opinión sobre cualquier tema que se debatiese,  explicar las cosas desde mi punto de vista o relatar los sucesos que habían tenido lugar en ausencia de alguno de los interlocutores. .. Hasta que me di cuenta que esa actitud de “chismoso” me reportaba castigos por una banda y me impedía enterarme de las cosas que ocurrían porque me las ocultaban para que no las propagase.

No quiero con esto que se me haga un retrato infantil de chivato o que mi entorno se imagine como un escenario de espías americanos y rusos en plena Guerra Fría. Mi familia era, o así quiero creerlo, una familia normal; en la que tu madre te dice “Esto no se lo digas a tu padre” y tu padre te dice “Esto, a tú madre no hace falta contárselo”.

El caso es que ante la imposibilidad ¿genética? del “callar” y la familiar del “contar”, encontré un camino intermedio: “Escribir”.

Primero con la intención de reflejar la realidad, a modo de diario personal; pero más tarde, cuando descubrí lo aburrida que ésta podía llegar a ser, empecé a hacerlo con el deseo de cambiarla aunque solo fuera en el papel.  Y ahí es cuando eché mano de otra de las prohibiciones del mundo adulto: “la mentira”

Así que supongo que puedo decir : Soy David Kumada, un cuentista mentiroso al que le gusta mucho el cine, las historias que parecen verdad aunque no lo son y las personas imperfectas como yo.