Llevo varios años leyendo sobre “el otro cine español”. Haciendo lo posible por ver los títulos cinematográficos que, en teoría, lo representan. Siguiendo las novedades  en ciertos festivales, ya sea bajo el título de “Nuevas olas” o “Resistencias” en el SEFF(Festival de cine Europeo de Sevilla), como en “Un impulso colectivo” en el D’A de Barcelona,  o en cualquiera de las secciones de L’Alternativa y también de modo online en el ATLÁNDIDA FILM FESTIVAL de la plataforma Filmin.

Y, cuando intento encontrar una definición que englobe todos estos trabajos que considero bastante heterodoxos, todo lo que me surgen son preguntas:

¿Es algo nuevo este otro cine? ¿Es producto de la terrible crisis económica de los últimos años? ¿Es fruto de las nuevas tecnologías, del cine digital y los canales online de exhibición? ¿Es la necesidad de los nuevos autores de explicar algo desde su punto de vista, desde una nueva perspectiva?
¿No fue también «nuevo» el cine producido por Juan Miguel Lamet y Elias Querejeta a raíz de la apertura artística de García Escudero a partir del 1962?
¿Y el cine de los 90, con directores como Amenábar, Meden, Alex de la Iglesia, Bajo Ulloa no era también un cine «nuevo», que explicaba otras historias y de otro modo, distanciándose del cine realizado por los autores consolidados? ¿Y antes de ellos, en los setenta-ochenta, no eran nuevas las propuestas de Iván Zulueta, Víctor Erice o Pedro Almodóvar?

En la línea de mis dudas, Carlos Losilla escribe en el Caiman Especial nº13: “Eso que ahora se conoce como el “otro” cine español no admite definición alguna. Es tal su diversidad que acaba siempre por resistirse a cualquier tipo de domesticación conceptual”.

Entonces… ¿Si no es un movimiento homogéneo, con unas normas como el olvidado Dogma y es difícil de definir, cómo sabré si una película pertenece al “otro” cine español? ¿No será una etiqueta que se han inventado los críticos, tan propensos a clasificar, para parcelar el cine nacional? ¿No habrá un solo cine español con muchos y variopintos autores o productores?

Mi respuesta, más sensorial, que racional es que “no, no es un invento de la crítica y sí que existe “otro” cine español. Que es un cine que ha existido siempre en los márgenes de nuestra raquítica industria, o dentro de ella en algún momento. Que es un cine con obras tan interesantes, en su pasado, como Nueve cartas a Berta de Basilio Martín Patino, La caza de Carlos Saura, El desencanto de Jaime Chavarri, Arrebato o Párpados de Iván Zulueta, las primeras películas de Pedro Almodovar, la corta filmografía de Victor Erice…

Y que gracias a las nuevas tecnologías (cine digital), algunos centros de estudio y producción (Escac, El Máster de documental de creación de UPF, Ecam), festivales, plataformas y circuitos de exhibición alternativos… ha proliferado la producción de estas películas, la facilidad de distribución y el interés por ellas de un cierto público cinéfilo.

Lo cual responde afirmativamente a mi segunda pregunta del título: ¿Existe otro cine español?”, pero no a la primera: “¿Qué es el “otro” cine español?

Y es que no creo que la respuesta sea sencilla, porque es un cine que no pretende definirse bajo un estándar artístico, sino en todo caso distinguirse, marcar distancia y propiciar un cambio. ¿Son Diamond Flash (Carlos Vermut. 2011), Mimosas (Oliver Laxe, 2016) y Yo la busco (Sara Gutierrez Galve, 2018) películas parecidas en su forma y en su fondo? Evidentemente que no y esa es precisamente la virtud que las engloba, la de haber impulsado un cine alejado de los entandares que marcan las producciones de los grandes grupos mediáticos. La virtud de haber traído un nuevo aire tan necesario.

(EL fotograma pertenece al enigmático plano de inicio de Diamond Flash (Carlos Vermut, 2011), la película que quizás abrió paso a la reutilización de la etiqueta ya casi olvidada «Otro cine español»)