He intentado escribir un texto sin pasión, porque la pasión ciega a los enamorados. Te hace ver guapos a los feos, delgados a los gordos y listos a los tontos. Pero no he sido capaz. Un poso de nostalgia y melancolía se ha apoderado de mí tras el visionado de este “clásico instantáneo del cine gay” y, casi veinticuatro horas después, sigo preso del síndrome de Estocolmo.

Call me by your name de Luca Guadagnino no es la historia del primer amor. Bueno, sí lo es, pero no es solo eso. Es el retrato de la aventura que resulta de conocerse uno mismo frente al despertar del deseo. Cuando no acabas de saber que te sucede y un amasijo de sentimientos te hace querer y odiar, paralela o intermitentemente, a esa persona que lo ha detonado todo en tu interior.

La novela homónima de André Aciman en la cual se basa la película, al igual que ésta, nos cuenta los deseos, dudas y vergüenzas que pueblan los pensamientos del joven Elio (17años) ante la figura de Oliver, el apuesto y culto post-universitario americano que ha venido a pasar el verano de 1983, con la familia del primero, a su bucólica villa en el norte de Italia.

No era tarea fácil convertir las reflexiones del joven protagonista, narrado todo ello en primera persona por  alguien que hace ya tiempo que dejó esa etapa de su vida, en imágenes capaces de reflejar el torbellino emocional y sexual  de Elio, sin recurrir a la tan manida voz en off.

Sin embargo, gracias a un excelente guion firmado por el veterano James Ivory  todo se desgrana  en  pequeñas escenas llenas de sutiles gestos y esclarecedoras miradas en una trama con una progresión lenta, pero sin perder su punto ascendente.

Y uno tiene la certeza de que la película hace más grande aún la historia de Elio y Oliver porque la visión unilateral del Elio literario deja paso a una historia de dos, dónde lo que siente y desea el personaje de Oliver también se hace explícito en la parte final  del metraje.

Pero… ¿Call me by your name es una gran obra solo por la historia que cuenta, por el devenir narrativo de sus personajes?

No, el argumento  es solo ese camino que nos lleva, lentamente, por una senda que rememora sentimientos empáticos de nuestro pasado y que ya hemos enterrado en menor o mayor medida.

Poco efecto tendría este hilo conductor sin la efectiva banda sonora de Sufjan Stevens  y las preciosas imágenes llenas de sol y sombras estivales, obra del tailandés Sayombhu Mukdeeprom (director de fotografía). Que gracias a la sencilla puesta en escena planificada por Luca Guadagnino crea un bello marco para las magníficas actuaciones de Timothée Chalamet (Elio) y Armie Hammer (Oliver)

Y es que para mí, pensar en Call me by your name es sobretodo pensar y hablar de Timothée Chalamet, de sus miradas, sus movimientos, sus ilencios, sus payasadas, su forma de fumar al estilo galán de los años 40, su presencia magnética… como todo eso hace poliédrico un personaje que sobre papel podría resultar un joven impertinente y egocéntrico de clase alta.

No sé la parte de mérito del director en esta tarea. Si bien es cierto que en sus anteriores películas- Yo soy el amor (Io sonno l’amore 2009) y Cegados por el Sol (A bigger splash 2015)- ya nos regalaba grandes trabajos de sus intérpretes y que la gran proliferación de largos planos de acción facilita a los actores la exposición de una personalidad interiorizada, el mimetismo de Chalamet con Elio es uno de los trabajos interpretativos del año. Y no me refiero sólo al aplaudido plano final, en el que es cierto que su rostro da una dimensión muy superior a lo que muestra el encuadre, pero en el que tampoco es menos cierto, que es el espectador entregado el que reinterpretando ese rostro potencia el mensaje. Me refiero a todo el conjunto. Desde los gestos de aburrimiento y deseo que le llevan a meter la cabeza en un bañador hasta la mezcla de vergüenza y miedo que le hace esconder sus lágrimas bajo el cuerpo de su amado.

Para que no parezca que mi admiración por Timothée menosprecia el trabajo de Armie Hammer, quiero aclara que si bien en la primera parte me resulta simplemente correcto en la piel del “objeto de deseo”, cuando avanza la acción y somos conocedores de sus deseos y sentimientos, me parece que el norteamericano realiza una interpretación llena de matices, donde el amor y el dolor del que no es primerizo, es evidente.

Para acabar y no alargarme, quería escribir sobre solo una de las cuatros escenas que tengo la impresión que siempre recordaré. No será la del melocotón, ni la del primer beso, ni la de la conversación de Elio con su comprensivo padre. Ésta última porque desde mi perspectiva de adulto me resulta excesivamente dolorosa debido a su mensaje tan certero.

Me gustaría despedirme con una de las escenas más bellas de declaración de amor que nunca se han filmado- Escribir este tipo de frases siempre me da un cierto tipo de pudor, teniendo en cuenta que aún tengo mucho cine precedente por descubrir, pero es algo que no puedo evitar sentir en estos momentos, fruto de mi pasión por la película, sin duda.- Me refiero al plano secuencia en que Elio finalmente decide hablar, abrir su corazón. Y contrariamente a lo que se podría pensar, no se realiza en un espacio cerrado e íntimo, donde los- aún no- amantes están próximos. Si no, que Guadagnino lo lleva a cabo alrededor del monumento de un soldado de la primera guerra mundial, como si precisamente quisiese acentuar que, en ese preciso momento, Elio también está llevando a cabo su “primera batalla” (en el amor). Elio camina por un lado del monumento, Oliver por el opuesto y cuando llegan al mismo punto, cuando se reencuentran, ya nada será igual, ya se le ha puesto palabras a la situación, ya todo se ha evidenciado entre los dos.

Es una secuencia lenta, transparente, sin amaneramientos ni musicales, ni visuales, que pretendan ensalzar o remarcar la situación, pero es emotiva y bella.

En realidad, toda la película está realizada a un ritmo pausado, la velocidad a la que se despiertan los sentimientos. No hay cabida para las grandes elipsis que acostumbramos a ver en las historias de amor, la mayoría de las veces utilizadas para no tener que explicar eso tan difícil que llamamos enamoramiento: “Chico/a conoce chica/a, salto temporal y están juntos”, todo ha sucedido en off, en un fuera de campo narrativo… Aquí no… Aquí asistimos, más allá de como testigos, a esos momentos felices y dolorosos, pero mágicos que tiene el devenir de la vida.

Gracias, Elio y Oliver. Gracias Ivoy y Guadagnino.