Lo confieso… Yo voy a los festivales de cine a encontrar el amor, pero no en otro ser humano, eso sería un poco Harvey Weinstein, aunque él seguramente es más de “cariño”, de ese que surge del roce. Yo busco otro tipo de amor, yo busco algo así como un soponcio “Stendhaliano”, un ataque de plenitud cinematográfica, un orgasmo cinéfilo…

Sé que puede parecer raro, pero otros disfrutan sensaciones parecidas cuando un señor multimillonario, al que ni conocen personalmente, mete un balón en una portería. Que la verdad es que hay que tener ganas, siendo millonario, de ponerse a correr detrás de una pelota… Pero bueno, quién soy yo para juzgar personas, pudiendo hacerlo con películas…

En fin que, abreviando, el pasado fin de semana fui al Craft Film Fest Bcn– El primer festival de cine artesanal de Barcelona- para encontrar “la película” y aunque no tuve suerte, hubo alguna obra interesante. Eso o es que cada vez me parezco más a mi amiga Isa que dice que “todo el mundo tiene algo y ella la facilidad de verlo”. Así que, intentando ser positivo, voy a hablaros del “algo” de las seis películas que “conocí” allí.

Empezaré por la más la macedonia, Јавачи на коњи (Horse riders) de Marjan Gavrilovski. La historia de tres “sin techo” que utilizan los sueños para subsistir dentro de su cruda realidad. Está llena de buenas intenciones, con un mensaje que bien podría reformular positivamente la famosa frase de Jean Paul Sartre: “El infierno son los otros”, convirtiéndola en algo así como “El hogar son los otros”. Pero que todos los protagonistas tuviesen los dientes perfectos y blanquísimos me sacaba de la historia cada vez que abrían la boca. Soy así de puñetero.

La rusa The lightest darkness de Diana Galimzyanova  comienza realmente bien, simulando una película de cine negro sobre un asesino en serie conocido como el “frutero”, con una lúcida fotografía de grises y una buena ambientación, plagada de elementos anacrónicos y con curiosos perfiles psicológicos de los personajes que la convierten en una interesante parodia del género a medida que avanza la acción, ¿o debería decir a medida que retrocede la acción?.. Y es que la historia tiene una estructura similar a Memento (Christopher Nolan. 2000) que por desgracia hace que su directora esté demasiado preocupada en que las piezas encajen y descuida un poco la fuerza narrativa. Pero quizás he sido un poco duro teniendo en cuenta que es una ópera prima..

The astronauts’ bodies de la alemana Alisa Berger retrata una familia formada por un padre, dos hijos adolescentes y una niña  pequeña. Da la sensación que la ausencia de la madre los ha dejado vagando en el espacio, especialmente al cabeza de familia, como si ella fuese la fuerza de la gravedad que los mantenía unidos. Es una película en la que apenas se cuenta nada, se muestra, se insinúa, pero es el espectador el que debe dejarse llevar por ese universo familiar y sentir. Y quizás mi problema es que ese día no estaba muy sensitivo o tal vez es que me resultó tan interesante la trama del hijo adolescente -un “conejillo de indias” en un curioso estudio sobre los efectos de la falta de la gravedad en el cuerpo humano- que lo que les ocurría al resto de la familia me resultaba banal.

Tengo la sensación de que a Iris Lai y Mu Ming Tsai, coproductora y director de la taiwanesa Paradoxical les encantó Primer (Shane Carruth. 2004), pero se perdieron tanto como yo en la trama de los jóvenes fabricantes de una máquina del tiempo. Supongo que ese es el motivo de que hayan hecho una película tan sumamente explicativa, en la cual no paran de repetirte las cosas para que no te pierdas. Y, la verdad, es que es una lástima porque visualmente es una de las películas más bellas del festival y la historia de los desfases temporales usado con fines delictivos es muy buena idea, pero el miedo a no ser entendidos hace que todo se desinfle, mi interés incluido. Aun así no dudo que si Mu Ming Tsai vuelve a dirigir una película y tengo oportunidad de verla, lo haré gustosamente.

Ya solo me quedan dos películas por comentar, la ganadora del premio del jurado y la más votada por el público. Respecto a la primera, Pociecha (Consolation) del polaco Pawel Podlejski, he de decir que yo ya la había visto previamente para hacer una pequeña reseña para el blog del Craft. Y que al principio, cuando finalicé el primer visionado, me quedó buen sabor de boca por ese final un tanto esperanzador, pero tampoco me pareció una gran película. Sin embargo al sentarme a escribir el pequeño texto, que me obligó a pensar de una manera más profunda en lo que había visto, me sentí mucho más cerca de esos dos personajes que con dos décadas de diferencia tienen esa visión tan distinta del futuro y de los sueños a realizar. Hubo un momento que dudé de sí la película tenía esos valores positivos que yo quería resaltar en unas líneas supuestamente promocionales o si yo estaba sufriendo una especie de síndrome de Estocolmo. Ahora, que ya han pasado semanas del primer visionado y que he tenido la oportunidad de volver a verla, tengo claro que es una película aparentemente sencilla con un discurso muy maduro detrás, fruto sin duda de las vivencias del director, actor, productor y guionista Pawel Podlejski. Espero que siga con su retomado camino como cineasta.

Entregada mi “cabeza” a Pociecha, cuyo premio por parte del jurado me parece muy  justo, no puedo negar la evidencia de que mi corazón es popular, y por lo tanto estuvo más cerca de アルビノの木 (The Albino’s Trees) de Masakazu Kaneko. Una historia sobre los contrastes entre tradición y modernidad, nada nuevo en el cine japonés respecto a temática, pero que tiene un aire de misterio sobrenatural que me cautivó hasta el punto que aún sigo pensando en ese enigmático final. Está realizada con gran elegancia visual, engrandeciendo la naturaleza que retrata y su ritmo pausado te va atrapando poco a poco… A lo mejor exagero un poco con sus virtudes, pero es que siendo justo he de reconocer que con el cine oriental, sobre todo con el nipón, soy un poco facilón.

Y con este pareado tan profundo me despido del repaso de las películas de Craft Film Fest Bcn pensando en el próximo festival, el D’A , e intrigado por saber si hallaré o no el amor frente a sus pantallas.