Le he preguntado a la “R.A.E”(Real Academia de la lengua Española) que significa ”Amar” y me ha contestado que es” tener amor a alguien o algo”. Entonces yo, que siempre he sido muy preguntón, he querido saber el significa esa cosa, el “amor”. Y entre otras muchas, he elegido las dos primeras definiciones de su diccionario:

“Amor:

  1. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.
  2. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.”

¿A santo de qué he buscado esas definiciones? Pues bien, la razón no es otra que el visionado de El hilo invisible (Phanton Thread. Paul Thomas Anderson) y la perturbación que su historia ha causado en mí.

La pregunta de si la película de Anderson es una historia de amor ha retumbado en mi cabeza desde la salida de la sala de cine y quería que la R.A.E. me aclarase un poco los conceptos. Pues bien, si nos atenemos a las dos definiciones, estamos ante una historia de amor. Pues los dos personajes- un prestigioso modisto de los británicos años 50 llamado Reynolds Woodcock (Daniel Day-Lewis) y su nueva musa Alma (Vicky Krieps) una ex-camarera inmigrante del este- se necesitan y su unión da al personaje masculino energía para crear, al menos al principio, cuando se nos muestra cómo, en lugar de un apasionado encuentro sexual, las pulsiones de él lo conducen a la modelación de un nuevo vestido, sobre el cuerpo de ella.

¿Aceptamos entonces que estamos ante una película romántica, donde dos seres se complementan? No lo sé, primero déjenme buscar otra palabra más en el diccionario de la R.A.E:

“Odio”

  1. Antipatíay aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea.”

Vaya, pues parece que si tenemos en cuenta algunos momentos de la película, que no deseo desvelar a los que aún no la han visto, quizás podemos estar ante una historia de odio. ¿Existe ese género?

Muy bien, ya hemos leído definiciones de amor y odio. ¿Nos ha servido realmente para algo?

¿De cara a acercarnos a la última película del director californiano?, me refiero…Pues creo que no. Porque la obra de Andenson es tan compleja psicológicamente que uno no puede definirla, ni acotarla en un único sentido. Sus personajes no son planos, no muestran una única cara y la relación que los une es igualmente enrevesada, llena de matices que unos pueden apuntar como enfermizos, pero que yo creo que son simplemente humanos.

Amar y odiar es parte de la vida, pero no dos polos opuestos en los que clasificar a las personas. Algunas veces amamos a alguien por como camina, porque tiene poco pecho, por su dulce sonrisa y lo odiamos por que hace ruido al untar mantequilla en las tostadas, por perturbar nuestra paz matutina.

Nada es blanco, ni negro en la vida. En la película que nos ocupa sólo los vestidos de las costureras lo son. A veces una cree ser el controlador en una relación, el fuerte, el conductor, pero se descubre sentado frente al volante siguiendo las instrucciones de un copiloto. Otras veces es al revés y uno descubre que hay relaciones en que el control se bascula  hacia un lado u otro, dependiendo de la fuerza con la que se tire de la cuerda.  Esto es mostrado de un modo memorable, en una de mis escenas preferidas de la película. El personaje que interpreta Dany Day-Lewis- mimetizándose hasta extremos increíbles como hace siempre- le pregunta a Alma (Vicky Krieps) si quiere casarse con él y ella, en lugar de responder inmediatamente, como podríamos pensar que haría una persona que seguramente ansía esa pregunta, le da la vuelta a la situación y tras su risa que crea una tensión incómoda, pregunta a su vez: “¿Quieres casarte conmigo?” y en ese instante, doblegado, el personaje masculino no tiene más remedio que responder que “sí”. Él que hacía la pregunta desde su posición que creía de fuerza se ve obligado a contestar desde la igualdad.  Toda la escena está realizada con un travelling de acercamiento que hace desaparecer del margen un maniquí con un vestido de novia, lo cual da al conjunto una gran fuerza y simbolismo.

He leído en varios sitios que estamos ante una película feminista, pero yo creo que vuelve a ser una etiqueta reductora. No estamos ante una ponderación de la figura femenina en un mundo, como el de la moda, que teóricamente las “cosifica”. El papel de la mujer en la historia  tiene más que ver con el fuerte complejo de Edipo del personaje masculino, Un ser que no ha sido capaz de madurar por la presencia constante en su vida de su progenitora fallecida. El mismo confiesa en la primera cita con Alma que lleva un mechón de su cabello cosido en el forro de la americana, sobre el pecho –“para mantenerla siempre cerca de mí… procuro no estar nunca sin ella.”-

En esta línea maternal se encuentra la figura de Cybill (Lesley Manville), la hermana del modisto, que por sus labores y omnipresencia en la casa de costura Woodcock nos recuerda a la señora Danvers de Rebeca (Hitchcock, 1940). Cuya protección y cuidados, hasta el punto de encargarse del difícil trago de las rupturas sentimentales, parecen haber mantenido a Reynolds en una urna diseñada para seguir creando.

Por eso, desde mi punto de vista, la relación sentimental de los dos protagonistas sufre un profundo cambio desde la perspectiva de él cuando enferma y en una escena un tanto onírica, la aparición de su madre muerta vestida de novia parece dar el relevo como cuidadora a Alma, llegando a compartir un simbólico plano los dos personajes femeninos que dan una dimensión un tanto gótica a la historia.

Con todo lo expuesto es realmente difícil no encontrar múltiples referencia en obras del maestro Hitchcoock en el trabajo de Paul Thomas Anderson, desde la ya citada Rebeca, Vértigo, Sospecha y hasta la “edípica” Psicosis. Pero eso no significa que estemos ante una película de otra época que podría haber rodado el director inglés como he leído en algunos textos. Creo que El hilo invisible es una obra muy contemporánea en el tratamiento psicológico de los personajes y el concepto ambivalente del amor. Y que podría emparejarse con la interesantísima The Duke of Burgundy (Peter Strickland 2014) en cuanto a los límites o no en las relaciones entre dos seres, sin importar lo que pudiesen dictar algunas normas sociales.

Para acabar, quiero preguntarles “¿Es para ustedes “El hilo invisible” una película de amor?