Hay autores que me gustan mucho y otros que me interesan y no puedo evitar acercarme ante sus nuevos trabajos. Bruno Dumont pertenece al segundo grupo, dos veces ha estado a punto de ingresar en el primer grupo – con «L’humanite»(1999) y con «P’tit Quinquin (Li’l Quinquin)(2014)-, pero parece empeñado en dar pasos a un lado y a otro para no hacerlo, lo cual me parece genial, porque es mucho mejor experimentar eternamente que gustarme a mí.

¿Y ante «Jeannette, l’enfance de Jeanne d’Arc»(2017) qué me ha pasado?
Pues no lo tengo muy claro y quizás ese es el motivo por el que nada más salir de la sala he tenido la necesidad de interrogarme por escrito.

¿Qué he visto? ¿El «Jesucristo Superstar» del nuevo siglo, pero sobre la infancia de la heroína francesa? ¿Un festival de fin de curso en medio del campo? ¿Una tomadura de pelo? ¿Una genialidad?… ¿Todo a la vez?

Pues aunque no tengo muy claras de las intenciones del autor, lo cual tampoco me importa demasiado en estos momentos, he vivido la película como un canto a la impasibilidad en que se ha convertido el europeo medio, incluido el europeo cineasta. Seres que criticamos, denunciamos y no paramos de quejarnos sobre todo lo que nos rodea, pero seguimos con los brazos cruzados, cuidando nuestras «ovejitas» no vayan a quitárnoslas. ¿Preferimos ser vencidos que luchar? ¿Somos unos cobardes?

La pequeña Jeannette (Lise Leplat Prudhomme) lo tiene claro y grita/canta: «No soy una cobarde», con esos ojos llenos de vida y luz que hace que te importe poco su talento interpretativo o musical… También Dumont puede gritar que no es un cobarde, atreviéndose a presentarnos un musical donde nadie canta ni baila bien, donde los actores están más pendiente de la cámara que ellos de esta, donde las canciones parecen escritas por la profesora de cuarto de primaria y la coreografía diseñada por la de párvulos… Haciéndolo en un mundo en que los superhéroes ocupan las pantallas de medio mundo… Alguien así puede ser tachado de loco suicida, artística o comercialmente  hablando, pero nunca de cobarde.

No dudo que para muchos es una película tediosa e insufrible, sobre todo si la analizas fríamente y te sientas esperando algo corriente. Pero también puede ser como un pequeño sueño infantil y naif si te dejas llevar, llenando los agujeros de este enorme Gruyere cinematográfico con las mil líneas de pensamiento que se disparan ante el visionado. Es lo que yo llamo una película contenedor, que puede estar vacía o llena, tú lo decides.

Para acabar me gustaría resaltar, aunque sé que resulta injusto con Lise Leplat Prudhomme(Juana niña) y Jeanne Voisin(Juana joven), la presencian de Nicolas leclaire en el personaje del Tío. En él, su rostro y su estilo es donde aprecio La conexión con muchos de los personajes alelados y alieniados que pueblan los trabajos previos del directo, incluido el de  Brandon Lavieville en la insufrible «Ma loutte»(2016)… Particularmente, esos personajes y su interpretación son los que más me interesan de la filmografía del cineasta francés porque tienen algo misterioso entre la falsedad y la realidad que me sorprende y me descoloca. Y, lo admito, nada me gusta más que ser sorprendido y descolocado en una sala de cine.

3226 caracteres después sigo sin saber si me ha gustado lo que he visto. Pero gracias, Monsieur Dumont, por hacer que me lo pregunte.