La última película de Spielberg es algo así como el primer golpe que “The Washington Post” asesta en 1971 contra la Administración del presidente Nixon, abanderándose del derecho a la libertad de expresión para publicar unos papeles “Top secret” que demuestran que el gobierno estadunidense llevaba décadas mintiendo sobre la guerra de Vietnam. Los sucesos del “Watergate” narrados en Todos los hombres del presidente( All the President’s Me. Alan J.Pakula 1976) sería el puñetazo que lo deja K.O.

Es evidente lo interesante de la trama y sobretodo del fondo de la misma, cuando en estos momentos ocupa la Casablanca Donald Trump, un presidente con una actitud igual o mayor de prepotencia que la que demostró Richard Nixon.

Pero a mí lo que realmente me interesa de esta historia escrita por Liz Hannah, una mujer, es la supuesta perspectiva de género en el desarrollo de la trama. Y cómo la protagonista Katherine Graham (Meryl Streep, fantástica y creíble una vez más) evoluciona en un mundo de hombres, pasando de ser la perfecta anfitriona en el salón de su casa a la mujer valiente que se pasea por las inmensas máquinas que imprimen con tinta de sus periódicos.

Lo más destacable del personaje interpretado por Mery Streep es que no es una dama a priori feminista, como la que interpretaba fugazmente en Sufragistas (Suffragette. Sarah Gavron 2015) Es una mujer, como tantas, que ha aceptado que su lugar en la sociedad es el de “hija de” o “esposa de” y que las tareas más importantes que debe llevar a cabo es vestir correctamente u organizar bien una fiesta. Ella nunca se hubiese planteado estar en una posición de poder, ni tener que dar ningún discurso, es más, se nos muestra como un personaje tímido que no contesta las preguntas ni aun sabiendo las respuestas.

Pero por desgracia, o por gracia, la muerte de su esposo la ha colocado en la dirección del periódico que fue de su padre y en el centro de un grupo de hombres que no le van a poner nada fácil que desempeñe su papel, cómo queda bien patente en el comentario de uno de ellos, donde alude al escritor Samuel Johnson explicando una cita supuestamente graciosa: “Escuchar el discurso de una mujer es como ver a un perro caminar sobre sus dos patas traseras. No lo hace bien, pero te sorprende de que lo haya hecho».

¿Mostrándonos el cambio  de este personaje, su evolución hasta ser capaz de plantarse y decir que ella es la que manda, convierte la película de Steven Spielberg en feminista? ¿O estas acciones son solo parte de la trama de un guion escrito por una mujer, donde ha conseguido meter algunos apuntes por la causa?

Mi opinión es que Spielberg no solo es consciente de la importancia de la trama de la lucha de género, sino que incluso la potencia con pequeñas punzadas en personajes secundarios –como la periodista que no desea escribir solo de sociedad, la trabajadora del gobierno que quiere que los periódicos ganen la causa o incluso la mujer que transmite a toda la redacción la sentencia dada por el tribunal que alguien le dicta al teléfono-. Del mismo que convierte a la protagonista en una heroína para sus conciudadanas cuando nos la muestra en su salida de la corte, atravesando una multitud de mujeres que forman un pasillo para verla pasar y admirarla. Una escena, esta última, poco sutil desde mi punto de vista, pero que sirve para remarcar el discurso por si alguien no lo ha captado ya a esa altura de la película.

Pero si tuviese que elegir solo un plano con las intenciones del director, me centraría en un contrapicado que engrandece la figura de la Meryl Streep demostrándola como ganadora de la batalla llevada a cabo.

Para acabar sería injusto no nombrar a Tom Hanks en quizás uno de los mejores papeles de su vida, no solo por su presencia, sino por esa voz que creo ha ganado fuerza con los años… Pero por una vez, que los hombres sólo seamos una simple mención, no nos va a pasar nada.