Querido Mr Spielberg:

Soy una mujer rodeada de hombres que no saben lo que quieren:

Mi vecino, al cual he apodado “el Netflix”, lleva tres temporadas con la misma chica, capítulos y parones incluidos.

Mi jefe decide ser padre de trillizos a los cincuenta, después de haberse hecho una vasectomía a los treinta y cinco porque “traer niños a este mundo es de locos”.

Y usted duda entre ser un Alan J. Pakula feminista con Los papeles del Pentágono (The Post 2017) o seguir siendo el maestro del cine del entretenimiento y la nostalgia con Ready Player One (Idem. 2018).

Pues bien, Mr Spielberg, si mi opinión le sirve de algo le recomiendo la segunda opción.

Aunque salí del cine tras disfrutar su película, de la cual no voy a contarle el argumento porque usted lo conoce mejor que nadie, con la sensación de que tengo la edad perfecta para captar muchos de los referentes ochenteros de su “Mash-up”, pero me falta la agilidad mental para sentirlos como merecen. Estoy segura que este es un problema mío y es que yo nunca fui de videojuegos -en mi época eran cosa de chicos- con lo cual mi cerebro es “analógico” y necesita su tiempo para procesar. Quizás debería leerme la novela de Ernest Cline en la cual se basa, en el mundo literario el ritmo lo marca el lector y quizás no es tan trepidante como el de su adaptación, pero tal vez me dejaría un mayor poso. Y es que, si me permite la analogía, su película/videojuego es como un complejo vitamínico con miles de componentes que muchas veces el cuerpo es incapaz de asimilar.

También podría ser que su obra haya sido creada para ser revisionada y revisionada hasta sacarle todo su jugo. Tal vez  el mensaje de Navokov* sobre releer los libros como única manera de sentirlos en su totalidad es aplicable al cine en general y, por supuesto, al suyo.

En cualquier caso no me gustaría que le quedase la impresión de que el ritmo trepidante no me ha dejado disfrutar de su último trabajo, de hecho creo que es precisamente esa velocidad la que me atrapa y consigue que la trama no me resulte tan endeble y arbitraria como me ha dado la impresión al reflexionarla con posterioridad. Todo pasa en su película “volando”, hasta la historia de amor. Da la impresión de que se enamoran porque toca, porque lo dice el guion. Otra vez, si acaso, hace una llamadita a James Ivory  (Call my by your Name) y que le aporte algunas pinceladas  sobre el ritmo del corazón al guión.

 Respecto a, sin ninguna duda, la mejor secuencia, homenaje al maestro Kubrick – no digo más para los que no la han visto- , solo tengo lágrimas de emoción, palabras de agradecimiento y mi sincera invitación a comer una paella, que  seguro que estará mucho más buena que la que le hizo Ana Obregón en Los Angeles. Creo que ese es el momento de la película en el que mejor aglutina los referentes para dar una forma coherente y no simples pinceladas de relleno. Estoy deseando de tener el futuro Bluray para gastarlo en el revisionado de esa parte. Parafraseando a mi amigo Kumada, que es mucho de salvar películas por una escena, la suya no tengo duda de que iría al “cielo cinematográfico” aunque solo fuese por las que suceden en el Hotel Overlook (Ups, se me escapó)

 Para terminar, que no quiero robarle más tiempo porque, al ritmo de producciones cinematográficas que va, no creo que disponga de mucho, me gustaría decirle que creo que es todo un mérito hacer una película totalmente escapista para hablar de los peligros del escapismo que inundan nuestra sociedad actual. No se me ocurre una forma o un lugar mejor para hacerlo que un blockbuster que puede llegar a millones y que tal vez despierte a alguno.

 Gracias por su tiempo y seguir así de enérgico.

 Elvira Cordero

 *“Aunque parezca extraño, los libros no se deben leer: se deben reeler. Un buen lector, un lector de primera, un lector activo y creador, es un “relector”…No poseemos ningún órgano físico (cómo los ojos respecto a la pintura) que abarque el conjunto entero y pueda apreciar luego los detalles. Pero en una segunda, o tercera, o cuarta lectura, nos comportamos con respecto al libro, en cierto modo, de la misma manera que ante un cuadro”*

(Vladimir Nabokov, Curso de literatura europea, Ediciones B, Barcelona, 1997, página 26)

(Envira Cordero se ha vuelto a colar en estas páginas. Habrá que acostumbrarse)