“El amor es hermoso, sólo mientras duran el contraste y el deseo; después, todo es debilidad y costumbre” Søren KierKegaard

Con las primeras imágenes uno podría pensar que está frente a una nueva versión de “caperucita roja, en la que un niño con anorak rojo cruza el bosque por un camino, distrayéndose con aquello que encuentra a su paso. Pero no hay que esperar mucho para descubrir que en esta historia dirigida por Andrey Zvyagintsev, nadie desea visitar a “la abuelita” si no estrictamente necesario, la madre no es una dulce mujer que prepara cestas con gustosos manjares y el lobo feroz… por desgracia, está dentro de todos personajes, en mayor o menor medida.

Tras las excelentes El regreso (2003),Elena(2011) y Leviatán (2014), el director ruso vuelve sobre los mismos temas, la decadencia moral de la Rusia actual, el capitalismo desacerbado, el egoísmo e individualismo del género humano y otros tantos síntomas de la sociedad de los “selfies” y el Instagram… Para esta ocasión recurre a una trama casi de thriller sobre la desaparición del hijo de una pareja en proceso de divorcio. Pero esta desaparición no es más que una excusa, similar a la utilizada por Antonioni en La Aventura(1960) para mostrarnos qué clase de personas son esos padres a los cuales únicamente les preocupaban ellos mismo y resolver rápidamente la ruptura para “ser felices” en su nueva vida.

Aunque en Sin amor (Nelyubov) la dirección de los dardos de Zvyagintsev son mucho más evidentes y menos sutiles que en sus películas anteriores, el abanico de preguntas que plantea a lo largo de las más de dos horas que dura la película, pueden ser una buena terapia para que miremos más a nuestro alrededor, a los que nos rodean y menos a nuestro ombligo.

Como en los anteriores trabajos del cineasta, la naturaleza juega papel muy importante, convirtiéndose en el marco helado en el que todo ocurre. Demostrando que los seres humanos pueden ser animales sin sentimientos, que sólo parecen capaces de funcionar con el otro mientras existe el deseo sexual, pasado esta etapa son capaces de devorar a sus crías.

Con una bella estructura circular que comienza con paisajes tan helados como algunos corazones y que termina casi del mismo modo. Llena de imágenes alegóricas  (la escena de la madre “Rusia” sobre una cinta de correr, sin avanzar). Con una fotografía gélida y una música de piano con una nota insistente que se te clava en la cabeza… Andrey Zvyagintsev nos regala su particular versión actualizada de Secretos de un matrimonio de  Ingmar Bergman y yo no puedo hacer otra cosa que agradecérselo.